«No pasa nada»: la frase que disfraza el terremoto emocional

En la feria de malabarismos cotidianos donde se mezclan reuniones, meriendas escolares, suegras con opiniones y padres con achaques, muchas hemos aprendido a ocupar el último puesto en nuestra propia lista. Y ahí, justo ahí, donde cruje el cansancio, lanzamos al aire la frase más mentirosamente inocente del idioma: “no pasa nada”.

Una lágrima a medias, un enojo contenido, un suspiro al que nadie presta atención… “No pasa nada”, decimos, mientras una parte de nosotras —la que ya no recuerda qué era sentirse ligera— grita con la boca cerrada. Es la frase mágica del estoicismo mal entendido, el paracetamol emocional que todo lo adormece pero nada sana.

El susurro ignorado de nuestras emociones. ¿Y si te dijera que ese “no pasa nada” es la coartada más peligrosa que usamos para no mirar lo que sí está pasando?

La inteligencia emocional —esa rama incómoda que nos invita a sentir en lugar de sobrevivir— nos da una bofetada elegante: toda emoción tiene una función. Pero nosotras preferimos actuar como si las emociones fueran mosquitos en verano: molestas, insistentes y dignas de ser espantadas con una manotada y una sonrisa fingida.

Recuerdo a Laura, una clienta que vivía con el cuello más rígido que una agenda de ministro. “Es estrés, pero no es para tanto”, decía. Hasta que entendió que su cuerpo hablaba el idioma que ella no se permitía traducir. La ansiedad que guardaba en los músculos era el grito que su alma no se atrevía a emitir.

Las emociones no son enemigas: son faros

La tristeza no es una traidora, es una amiga sincera con mala prensa. El miedo no es debilidad, es un radar activado. La rabia no es un pecado, es una alarma de que alguien cruzó una línea sagrada. Ignorarlas es como tapar con cinta adhesiva el testigo rojo del tablero del coche: seguirás andando… hasta que te detengas de golpe. “No pasa nada” es como un tapón. Pero la olla sigue al fuego.

La antítesis más cruel: parecer fuerte vs. ser fuerte

Nos enseñaron a ser fuertes como quien enseña a tragar piedras: sin masticar, sin mostrar dolor, sin decir “me duele”. Pero la fortaleza real no vive en el silencio estoico, sino en la conciencia valiente. En la capacidad de mirar hacia adentro y decir: “sí, pasa mucho, y voy a escucharme”.

Rafael Bisquerra, uno de esos sabios que nos ayudan a poner nombre a lo innombrable, lo dice sin rodeos: la verdadera madurez emocional está en reconocer, comprender y gestionar lo que sentimos, no en fingir que no sentimos nada.

La generación de entre 40 y 60 años —las que crecimos entre la palmada en la espalda y el “ya se te pasará”— lleva décadas rindiendo culto al hacer y desconfiando del sentir. Es hora de reescribir el guion.

¿Qué hacemos con lo que sentimos?

El primer paso no es una epifanía. Es más bien un gesto pequeño, casi tonto: pararse y preguntarse qué co** estoy sintiendo. 

No para resolverlo, ni para actuar como coach de mí misma. Solo para saberlo. 

Después, regular. No apagar. No disfrazar. Regular. Como quien abre una ventana para que entre el aire, no para que se vuele la casa.

Y si no puedes sola, no lo estés. Pedir ayuda no es signo de debilidad, sino de respeto hacia tu humanidad.

Tu primer acto de honestidad emocional

Te propongo algo simple. Durante las próximas 24 horas, cada vez que algo te incomode, en vez de decir “no pasa nada”, detente, por un instante. Ponle nombre. ¿Es frustración? ¿Es cansancio? ¿Es “quiero llorar y no sé por qué”? No lo soluciones. Solo reconócelo. Ese es el inicio. El resto es camino.

Decir “sí pasa” es empezar a vivir

“No pasa nada” es una rendición disfrazada de optimismo. “Sí pasa, y por ello merece mi atención” es un acto de amor propio. No necesitas convertirte en una gurú zen de la noche a la mañana. Solo necesitas dejar de traicionarte con frases automáticas. Sentir no es peligroso. Lo peligroso es dejar de sentir.

Y si esta lectura te tocó un nervio —o te lo descontracturó, como a Laura—, quizás sea momento de profundizar. Hay formas, espacios, herramientas. Y no, no estás sola.

Estoy aquí para acompañarte. Y hay una comunidad que también lo está. Te invito a qué me cuentes, te leo.

Imagen de Raquel Íñigo

Raquel Íñigo

Especialista en diálogo interno femenino

Acompaño a mujeres que han sostenido mucho durante años a transformar la forma en que se hablan por dentro.

No es tu carácter.
Es la forma en la que aprendiste a hablarte.
Conoce mi enfoque →

Si este artículo te tocó, esto es para ti:

🎧 ¿Estás agotada y no sabes por qué, si en teoría todo está bien?

Te regalo un audio breve (5 min) para entender ese cansancio que no se quita durmiendo, sin exigirte nada más aunque todo “esté bien” por fuera.

Este regalo es solo el principio… lo que viene es aún más tuyo 🌷

6 respuestas

  1. Me encanta la manera que tienes de contarlo Raquel, se me hace muy cercana, muy de «yo he sentido eso también». Esos «no pasa nada» que nos decimos día a día para seguir en la rueda infernal, es maravilloso pensar que somos muchas las que nos podemos acompañarnos en esas inquietudes. Tenemos que empezar a poner nombre a esto para mejorar nuestras vidas. Espero tu próximo post.

    1. ¡Qué alegría leerte Mentxu! Gracias por abrir también tu ventana emocional aquí.
      Sí, esos «no pasa nada» que repetimos con la naturalidad de quien se pone el abrigo sin notar que lleva fuego dentro… son una especie de mantra moderno, ¿no? Nos lo decimos para no molestar, para no parar, para no sentir demasiado. Pero lo que se reprime, se acumula. Y lo que se acumula… bueno, a veces estalla en forma de lágrima absurda al ver un anuncio de yogures.

      Qué importante es esto que dices: acompañarnos. Saber que no estamos solas en este club secreto de mujeres que sienten mucho y callan más.
      Ponerle nombre a lo que nos pasa es como encender una luz en medio de una sala desordenada. No soluciona el caos, pero al menos ya no tropezamos con la misma caja una y otra vez.

      Gracias por leer, por sentir y por estar.
      El próximo post viene con más etiquetas, más verdad y, quién sabe, quizá una cucharadita de humor negro. Porque si vamos a removerlo todo, que al menos sea con una sonrisa en la boca.

      Un abrazo grande, Raquel

  2. Es una triste realidad que vivimos muchos que nos provoca ansiedad,dolores y mucha angustia,muchas gracias por contarlo de forma tan natural,deseando leer tu próximo post.

    1. Gracias Melissa por compartirlo con tanta honestidad…
      Sí, lo triste es que lo “normalizamos” tanto, que hasta nos parece lógico ir por la vida tragándonos el nudo. Pero ese nudo, tarde o temprano, se convierte en ansiedad, en insomnio, en dolores que el cuerpo ya no puede callar.

      Ojalá estas palabras sirvan para abrir un poco de espacio, de respiro… y de permiso para sentir sin culpa.
      Seguimos quitándole capas al “no pasa nada” y contando verdades suaves pero necesarias.

      Gracias por estar del otro lado, Raquel .

  3. Cuando acumulas decenas, centenas o millares de » no pasa nada», llega a no pasar nada; estás en cero grados, ni frío ni calor, dejas de sentir y estás en un vacío oscuro donde solo la rebeldía de tu «yo» lucha por sacarte. Muchas gracias Raquel, muy motivador tu mensaje, seguiré leyendo tus post.

    1. Gracias Helena, por esa imagen tan cruda y certera… ese “cero grados” que no quema ni reconforta, solo congela el alma desde adentro. 🧊
      Y sí, a veces basta una mínima chispa —esa que aún no se ha rendido del todo— para encender una hoguera en medio del apagón emocional.
      Celebro que algo en mis palabras haya hecho eco en ti.
      Seguimos, con voz firme, nombrando lo que sí duele, lo que sí importa, lo que sí pasa.
      Un abrazo lleno de fuego, Raquel

¿Te apetece continuar esta conversación?

Tu palabra también importa. Comparte lo que te resuena, te inquieta o te inspira... Te leo con cariño 🌷

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Ver
Privacidad