Cómo recuperar la iniciativa personal. Un despegue imparable

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La iniciativa, para mí, es una de las virtudes más apreciadas.

A todos nos surgen problemas ¿verdad?

Bueno. Quiero que sepas algo, y es que los problemas no se resuelven cuando está ausente la iniciativa personal.

No podemos experimentar el crecimiento personal sin iniciativa, al igual que no podemos expresar nuestros verdaderos potenciales a menos que tengamos  autoconfianza psicológica y física. Nada, absolutamente nada, puede tomar el lugar de la iniciativa en la vida de una persona.

Fíjate. La iniciativa es lo opuesto a la competencia, y la una es la muerte de la otra.  La iniciativa es una cualidad natural de la mente. Todos nos enfrentamos a situaciones repentinas e inesperadas a las cuales respondemos de manera intuitiva y espontánea.

Es entonces cuando la mente se siente libre y sin restricción del exterior. En esas circunstancias, la acción fue automática, dirigida internamente. Pero, ¿qué sucede cuando competimos con los demás? Nos mostramos reacios y temerosos con lo cual la iniciativa se debilita. Buscamos alrededor, esperando que alguien nos marque el paso.

La gente competitiva renuncia a su iniciativa, ya que toma como modelo a otros para dirigir su acción. Al hacerlo, se embarca en una lucha ciega para sobrepasar a aquellos que ha elevado. Así, el individuo que compite se ciega a sus propios potenciales, al tiempo que se somete a la influencia hipnótica de las personas a las cuales ha elegido como modelos. En el proceso, invierte un buen caudal de energía comparándose con otros. La vida se convierte en un juego competitivo, del que solamente se puede salir triunfador o derrotado.

Competir es en realidad una manera de permanecer pasivos.

Sí. La pasividad, nos hace esperar simplemente la aprobación de los demás y la imitación nunca conducen a la creatividad y a la toma sensata de decisiones.

Con toda seguridad, todos tenemos necesidad de ser aceptados y amados por los demás. Y nos podemos sentir profundamente heridos si son indiferentes a nuestras expectativas. Sin embargo, podemos elegir.

Las capacidades de pensar y de actuar independientemente, son inherentes al ser humano.

Todos poseemos estas habilidades y depende de nosotros mismos que las entrenemos para hacerlas funcionar. Nadie nace con autoconfianza, pero nadie, absolutamente nadie, nos puede impedir que logremos lo que queremos.

Comenzamos a usar nuestras capacidades en el mismo momento que determinamos que es posible hacer todo por propia iniciativa e imaginación, sin que nos impongamos un parámetro de afuera para actuar.

He observado que la persona que está preparada para vivir sobre una base independiente, exhibe su libertad en todo lo que hace. Parece más involucrada con la vida y da la impresión de tener recursos ilimitados. Siente que el mundo es un buen lugar para estar y no se perturba si encuentra algo que es menos que perfecto.

Cuando se bloquea en una dirección, toma otra y encuentra la misma satisfacción.

Sin embargo, me he encontrado con personas plagadas de resentimiento y temores. Nada viene fácil para ellas y se quejan virtualmente de todo lo que ocurre alrededor. Se resisten a las oportunidades de la vida y sienten envidia de los éxitos visibles de los demás. Su principal esfuerzo se invierte en evadir sus responsabilidades de iniciativa.

Evitan las decisiones; se muestran reticentes cuando se requiere la acción y culpan a todo el mundo de sus derrotas. No disfrutan lo que tienen porque siempre están percibiendo que es menos de lo que deberían de tener.

Tomar la responsabilidad de iniciativa no es fácil. Sin embargo, es posible.

La elección es fundamentalmente nuestra, mientras permanezcamos vivos.

El éxito para lograr una vida saludable y feliz depende de nuestra capacidad para armonizar nuestros sentimientos, deseos y pensamientos.

Somos los conductores de nuestra propia vida.

Pero no podemos conducir cuando nos desconocemos internamente, cuando todas nuestras energías están dirigidas a emular a los demás.

La iniciativa personal nos debe de educar para enfrentar las realidades y fortalecer nuestra autoestima.

Cuando nos enfrentamos a metas y valores conflictivos no saltar rápidamente a ninguna conclusión siempre nos beneficia. La iniciativa para resolver es necesaria pero se requiere tiempo para liberar la tensión, recobrar el equilibrio. Los momentos de indecisión a veces son necesarios, ya que aumentan nuestra tendencia a la innovación y ahí es donde se pone a prueba nuestra iniciativa personal.

Cuantas más opciones encontremos, más oportunidades de elegir tendremos. Por lo general, podemos tomar más tiempo para decidir; no hay por qué presionarnos.

Cuando la mente se involucra en emociones como la rabia, el coraje, el odio, la tristeza o el mismo amor, es mejor esperar a permanecer neutrales. Posteriormente, con iniciativa, nos abrimos a los hechos y consideramos nuestra mejor alternativa.

A medida que exploramos nos encontramos diferentes respuestas. Nos enfocamos en el dilema del momento. En otras palabras, tratamos de hacernos conscientes de su impacto y sus efectos en nuestra vida.

La iniciativa para movernos funciona cuando tomamos decisiones y queremos resolver problemas, si nos mostramos reticentes a aceptar la realidad tal cual es, sin alterarla por nuestros sentimientos y pensamientos.

La iniciativa es una virtud excelente pero no es algo natural. Hay que descubrirla y cultivarla, hacer de ella el motor de nuestra  personalidad.

¿Deseas descubrirla y cultivarla? O  por el contrario eres de los que ya estás entrenando tu iniciativa personal.

Cuando descubrí esta virtud tan extraordinaria para mí. Fue un antes y un después. Sin duda un despegue imparable.

Te invito a que me cuentes tu experiencia.

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